CAPÍTULO 25

TU TEMPLO

“Soy UN MILAGRO del universo¡¡¡… Esta vida es para DISFRUTARLA, descubro aquello que me genera disfrute en el corazón y me tomo un instante este día para sonreír.”

Nuestro vehículo principal es nuestro cuerpo, aquel que muchas veces tenemos descuidado y no me refiero a una apariencia estética exclusivamente, ya que de alguna manera estamos programadas ante cánones de belleza de las falsas creencias patriarcales.

Me refiero a un descuido de mimarlo con palabras amorosas, de acariciarlo con ternura, de contemplarlo con admiración.

Cuando fue la última vez que le diste las gracias a tus pies por desplazarte, por caminar por ser los que sostienen todo tu cuerpo, cuando los honraste con una palabra, una caricia o la contemplación.

Cuando fue la última vez que le diste las gracias a tus caderas y a tu culete, da igual si las estrías o celulitis se notan son maravillosas, cuando los honraste con una palabra, una caricia o la contemplación.

Cuando fue la última vez que le diste las gracias a tu estomago, con sus michelines y admiraste ese ombligo que es la prueba física de esa unión con tu madre, cuando la honraste con una palabra, una caricia o la contemplación.

Cuando fue la última vez que le diste las gracias a tus pechos y espalda, esa espalda que muchas veces siente los estragos de unas emociones no muy bien gestionadas, cuando los honraste con una palabra, una caricia o la contemplación.

Cuando fue la última vez que le diste las gracias a tus hombros y a tu cuello, aquellos que la mayoría de personas suelen tener contracturadas por el caótico estrés de una vida llena de auto exigencias,  cuando los honraste con una palabra, una caricia o la contemplación.

Cuando fue la última vez que le diste las gracias a tu cabeza, ojos, nariz, boca, cejas y cada manchita, lunar o arruga que distinguen tu belleza natural, cuando las honraste con una palabra, una caricia o la contemplación.

Cuando fue la última vez que le hablanste a cada órgano interno, por poder respirar con facilidad, por hacer tus digestiones, por tener un cerebro dispuesto a aprender, por tener un corazón que late, cuando los honraste con una palabra, una caricia o la contemplación.

Que difícil nos resulta muchas veces mirarnos frente a un espejo y en realidad contemplar la belleza del cuerpo tal cual está. Solemos criticarlo (si es que lo miramos en un espejo), compararlo, despreciarlo y no digo todo el cuerpo en general, también nos pasa que solo lo hacemos de partes muy concretas:

…..Que si tengo los dedos de los pies muy largos.

…..Que si no tengo suficiente culete.

……Que si tengo unos pechos muy grandes o muy pequeños.

…..Que si mis caderas son muy anchas o no se me notan.

…..Que como es posible tener este estomago tan grande.

…..Que si mis manos son muy grandes o chicas.

…..Que si tengo demasiado bello corporal o soy muy blanca.

…..Que si mi pelo es muy fino o muy grueso.

La lista podría abarcar mas líneas, de eso no me cabe la menor duda, porque desafortunadamente en esta sociedad en donde la belleza impuesta, tiene unas características lejanas a nuestros cuerpos reales.

Mi invitación en este capítulo, es a que aprendamos a no a mirar, si no a contemplar nuestro cuerpo con los ojos del amor que nos merecemos.

Nuestro cuerpo y cada parte de el es perfecto.

Cuidémoslo por salud y si quieres un cambio estético que sea porque lo haces desde tu consciencia no por imposición de la belleza programada.

Habitamos en un templo que con el paso de los años se va transformando y generando cambios no solo en el exterior, sino también en cada órgano que tiene funciones maravillosas y contribuyen a  que podamos hacer millones de cosas en nuestra rutina diaria.

¿Por qué solo le prestamos atención cuando se resiente por algún problema de salud? Y en ocasiones si ese problema de salud no es lo suficientemente grave que te impida moverte, ni caso le haces.

Nuestro cuerpo siempre nos habla, es el canal de comunicación la mayoría de las veces, entre la voz del alma, de las emociones y de nuestros pensamientos.

El nos avisa en ocasiones de manera sutil y en otras a gritos que tenemos que prestarle atención a aspectos de nuestra vida importantes.

Por eso es fundamental aprender a escucharlo e interpretar sus mensajes.

Nuestro CUERPO es nuestro TEMPLO, y como todo tempo sagrado, debe ser cuidado, honrado y respetado.

En el libro impreso podrás acceder a una clase y descargable de una guía para aprender a cuidar nuestro cuerpo, escuchar sus mensajes y una meditación amorosa para honrarlo.

 

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